Una huella que dejó frutos

En muchas culturas se afirma que el ser humano tiene un sexto sentido. Algunas personas asumen tenerlo más desarrollado y otras no lo reconocen. Sin embargo, hay relatos o vivencias que nos muestran que está sensibilidad puede ser real. Esta experiencia la vivió Verónica a la edad de 20 años.

La noche del miércoles Verónica salió con su amiga a un bar. Una copa llevo a la otra hasta acabar bastante felices. En la madrugada, como era costumbre, se fueron a casa de Susana a dormir. Solo que está vez todo fue diferente.

Al llegar al departamento, Susana estaba muy extraña y le pidió a su amiga que no durmiera en su casa. Verónica no lo tomó en serio y preparo sus cosas para dormir. Susana, al ver que no le hacia caso le gritó. ¡No quiero que te mueras de un Chingadazo! Verónica al ver tan determinada a su amiga se fue molesta a su casa.

Al jueves siguiente ocurrió una terrible tragedia. Un terremoto de 8.1 grados sacudió a toda la ciudad de México. El edifico en donde vivía Susana se cayó y ella murió. Verónica al enterarse de la noticia quedó tan impactada que tuvo que pedir ayuda psicológica para asimilar la terrible tragedia. Su amiga le había salvado la vida.

Sin duda alguna, esa mañana del 19 de septiembre de 1985 marcó la vida de muchos mexicanos. Lo que vivió Verónica se suma a muchas historias más que dejaron huella. Se tuvo que vivir una experiencia muy dolorosa para tomar mayores precauciones al momento en que sucede un sismo. Afortunadamente, esa huella dejó frutos. El 20 de marzo de 2012 pudimos corroborarlo. El terremoto que se vivió ese día se manejo tan bien que solamente fue un susto para los ciudadanos mexicanos.

Una respuesta a “Una huella que dejó frutos

  1. Sin duda el vivir una tragedia de este tipo marca a cualquiera. El testimonio de esta mujer forma parte de los muchos de aquellas personas que lograron sobrevivir a la catástrofe, donde sin duda el pueblo mexicano se unió para ayudarse. También eh eschado por parte de gente que vivió esta crisis de la gran solidaridad que los mexicanos del DF tuvieron unos con otros.
    Este terremoto queda en nuestras memorias para recordar que debemos estar preparados para futuras catástrofes. Y fue una lección importante para el gobierno mexicano, el cual debe concebir todos los escenarios posibles para enfrentar posibles crisis en el país.

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